martes, 22 de julio de 2008

La tumba de las luciérnagas

¿Por qué las luciérnagas viven tan poco?, pregunta Setsuko a su hermano Seita con lágimas en los ojos...yo también con los ojos húmedos pienso la misma pregunta y miro la foto de mi madre que murió con tan solo 29 años.
Este film maravilloso que ha llegado a mis manos me ha hecho volver a la infancia y recordar que al igual que esa pequeña niña, yo también a su edad hacía tumbas para colocar las abejas que encontraba muertas en el patio de la casa de mi abuela, con cruces de ramita de árbol, piedrecillas alrededor y unas cuantas flores encima.
Después de mucho tiempo la vida me regaló estar físicamente con mi madre. Podrá parecer algo macabro haber sostenido sus huesos para depositarlos en la tumba de mi abuela y devolverle a su hija, pero en ese instante para mí fue el más tibio abrazo que nadie me dió y con ello entendí que el amor de verdad es realmente para siempre.
Para todos seguramente nuestras madres son las mejores, pero de verdad siento que la mía en esos pocos años juntos, y aún ahora desde su cielo, es una bendición.
Guarda tú también entre tus manos un puñado de luciérnagas para iluminar la vida de otros. Ellas son tus propios sentimientos, la alegría, la compasión, el afecto, y están más cerca de lo que crees...justo ahí...en tu corazón.